Una vez estuve en casa de un escritor, pero él no lo sabía. No es que me dedique a entrar a hurtadillas a las casas de los escritores sin permiso, como si fuera una alocada groupie literaria, es que ese escritor todavía no sabía que iban a publicarle un libro, aunque seguramente para entonces ya fuera escritor, pero no era publicador.
Bueno, él ni siquiera estaba viviendo en esa casa, se la había dejado a su hermano mientras el andaba por otras ciudades haciendo otras cosas variadas. Y hice lo que suelo hacer cuando voy a casa de alguien, que es mirar las estanterías a ver que libros hay, entonces ví uno que me interesó, era los amantes encuadernados de Jaime de Armiñán. Me interesó el libro por lo de amantes y por lo de encuadernados, me gustan los libros con escenas de cama porque son difíciles de resolver sin caer en el erotismo barato o pasional y si están bien escritos se puede aprender mucho y también me gusta la encuadernación porque amo todo lo que tenga que ver con los libros, así que se lo pedí al hermano del enonces escritor-no-publicador.
Me lo leí y no me dejó huella alguna, pero se quedo en mi casa más de lo debido, creo que fue la primera vez que un amigo me tuvo que decir que le devolviera el libro que me había prestado hace un año, porque era de su hermano.
Es curioso pero ahora miro todos los días el blog de ese escritor y publicador (ahora ya lo es), y ayer no escribió nada, entonces recordé que estaba de mudanza y que según su último post, estaría unos días sin conexión, y me imaginé el libro que me llevé de su casa de Murcia, metido en una caja de cartón al lado de otros libros, que no me costó nada imaginarme cuales podrían ser: Auster, Millás, algún Telva suelto de su mujer, tebeos y otros que comenta en su blog. Pero no me gustó ver a Armiñán en esa caja imaginada de cartón marrón en el suelo imaginado, de su casa imaginada,transportado por un mozo de mudanza imaginario, en un camión imaginado y a mi amigo escritor también imaginado, porque los trazos de su cara los tengo desdibujados y solo recuerdo sus gafas de hace años. Así que mentalmente saqué el libro de los amantes encuadernados de la caja marrón y con todo el lío de la mudanza lo dejé en otro lado que ahora no recuerdo.
Seguramente le costará encontrarlo cuando llegue a su nueva casa, puede que tal vez noa quiera saber donde está el libro porque tendrá cosas mas importantes en que pensar. Pero de repente me he acordado de que el único libro que se llevó a una isla habitada fué los ojos del dragón de Stephen King. Y vuelvo a empezar porque me imagino a mi amigo escritor dejando atrás su vida real en la península en un avión imaginado, llegando a un aeropuerto imaginado, subiéndose en un taxi imaginado, e imaginando su nueva vida en Tenerife. Y me vuelve a pasar de nuevo lo de siempre, que en mis supuestos imaginados, todo es intangible menos los libros, son los únicos objetos reales.
Siempre he pensado que las personas que han leido los mismos libros, tienen lugares comunes y están conectadas por una especie de intranet literaria, es algo así como las lavadoras y los armarios de Millás. Por eso aunque casi no conozco a ese escritor siento que lo conozco desde siempre, y me gusta escribirme con él y hablar de literatura. Y cuando hoy he visto que no había escrito, le he echado de menos.
Pero como sé que de vez en cuando es necesario que una bocanada de realidad se cuele por las grietas, solo le puedo decir: suerte con tu mudanza Jose Luis.