Como tengo el examen de oposición dentro de dos días, pues todo es mejor que estudiar, así que me he puesto a navegar por la red y me he reencontrado con http://www.lacoctelera.com/documentacion (al que le copio el título del post). Hacía tiempo que no lo leía, y además de bastantes cosas interesantes (este mundo va muy deprisa…), hay un enlace a una página en la que puedes hacerte tu propia ficha catalográfica a la antigua usanza, en papel con agujerito para la barra del catálogo manual, sale muy chula, yo he hecho la de este blog, y creo que voy a hacer más. Me ha salido una cosa así:

Me recuerda a mi primera experiencia bibliotecaria cuando tenía 8 años. Mi madre me hizo socia de la biblioteca de la Caja de Ahorros de Alicante y Murcia, porque estaba al lado de mi casa. Y claro, no tenían demasiados libros para niños, pero sí estaba la colección de Celia, de Cuchifritín y la de Matonkiki. Quien lea esto debe pensar que debo tener unos 56 años, pero no, lo que ocurría es que en 1978 (año en que yo tenía 8 años), la biblioteca no había actualizado su colección desde 1951 más o menos, así que yo sacaba en préstamo los mismos ejemplares que habían leido mis antepasados a los ocho años.
Pero en esa bibllioteca, el mueble del catálogo era muy grande y el cajón de la F de “Fortún, Elena”, estaba muy alto y yo no llegaba, así que tenía que arrastrar una silla para subirme y ver las fichas. Y claro, eso molestaba a los mayores, entonces la bibliotecaria se levantaba y resoplando con resignación aires censuradores por mi conducta ruidosa, me decía: “Que es lo que quieres”, yo le contestaba: “Un libro de Celia”, y entonces me cogía una ficha y ella misma me la rellenaba con los datos del primero que encontraba. Y cuando yo iba al depósito a recogerlo cruzaba los dedos para que los datos del libro, no fueran de uno que ya me había leído. A veces tenía suerte, otras no tanta; me lo llevaba a casa, lo tenía en la mesilla dos o tres días y lo devolvía. Pero nunca me atreví a decirle a la bibliotecaria, que ya me lo había leído
Creo que por eso no me gustan los juegos de azar y nunca compro lotería, ni hago la bonoloto.