Una lectora nada común
29 05 2008
Hace tiempo que no escribo, creo que es la vez que más tiempo he pasado sin escribir algo en el blog, pero es que mi mente (y mi voz) anda ocupada en otros menesteres. Pido disculpas a mis lectores habituales.
Pese a andar más liada que la pata de un romano, he leído ultimamente algunas cosillas que merece la pena reseñar. Se trata de “Una lectora nada común”, un libro que sin aspavientos ni grandes derroches de energia, seduce al lector. Algo sencillo ameno y divertido, una situación en la que el autor tiene como punto de partida un “¿Qué podría pasar si… la reina de Inglaterra se aficionase tanto a la lectura que olvidase que es una reina y tiene unas obligaciones?”.
Un buen día los perros de la reina se escapan, la reina rodea el jardín para buscarlos, y en la zona del servicio, al lado de las cocinas encuentra aparcado un extraño autobús, intrigada se acerca y descubre que en vez de asientos hay estantes con libros, pregunta al chofer y éste sorprendido por la real presencia, le explica que es una biblioteca ambulante que va todos los miércoles a la una del medio día para abastecer de lecturas a los miembros del servicio de palacio. La reina para no parecer descortés con el amable bibliotecario, saca un libro que le recomienda un muchacho que trabaja en las cocinas de palacio. Por la noche lo lee y le gusta, así que decide volver a por otro. Al poco tiempo se engancha de tal modo a la lectura, que su actitud ante el mundo y sus férreas costumbres se relajan, provocando el desconcierto de los políticos y del entorno. Las lecturas de la reina dan lugar a situaciones muy divertidas.
“Una de las periódicas responsabilidades de la reina era inaugurar el parlamento, una obligación que hasta entonces nunca le había resultado especialmente fastidiosa y que más bien le agradaba: incluso después de cincuenta años era una delicia recorrer el Mall en un carruaje abierto una radiante mañana de otoño. Pero ya no. Temía las dos horas que duraría todo el proceso, aunque por suerte viajaban en la carroza, no en el carruaje abierto, y podía llevarse consigo el libro. Había adquirido la habilidad de leer y saludar con la mano al mismo tiempo, y el truco consistía en mantener el libro por debajo del nivel de la ventana y mantener la mirada en él y no en la muchedumbre. Al duque no le gustaba un pelo, pero, Dios mío, no había más remedio”
Una lectora nada común. Alan Bennett. Anagrama
Temas : General, Motivos para leer, Recomendados
El miércoles 14 de Mayo, viene Mauro Entrialgo a la Biblioteca Regional. Me gustan mucho sus comics, su sentido del humor, aunque en ocasiones es un poco machista en sus viñetas, pero es que en ocasiones se lo ponemos a huevo, le mete caña a todos los géneros. Me lo paso muy bien leyendo y releyendo sus libros, los tengo todos, (menos los de la pandilla galáctica que le dejé a Matías cuando le operaron de la rodilla y no me los ha devuelto todavía) 
