Infancias robadas y licencia Creative Commons
1 11 2007
No siempre escribo en éste blog sobre los libros que leo, quiero decir que comento mis lecturas, pero no todas. A algunos libros les dedico post largos y llenos de referencias, y otros pasan por mi mesilla, por mis manos, por mi mente, y luego ni siquiera os lo cuento. Mi hermana me dijo hace poco que en el blog no se reflejaba todo lo que leía, yo le dije que me tomaba muy en serio los derechos del lector de Pennac, sobre todo el número 10: “El derecho a callarse la opinión sobre lo que se ha leído”.
En ocasiones el acto de leer es algo tan personal que prefiero que permanezca dentro de ese territorio mágico e inaccesible que ocupa el espacio que hay entre las páginas abiertas de un libro y la mente del lector, porque en el momento que se comunica, deja de ser íntimo para ser público y no estoy segura de querer, que determinadas sensaciones pasen a ser leídas por cualquiera.
Ahora voy a contar algo que me ocurrió hace 19 años y lo saben muy pocas personas. Cuando estudiaba en la universidad yo estaba empezando con ésto de la animación a la lectura y los cuentacuentos, tuve la ocasión de conocer a una escritora de literatura infantil en un curso de formación, yo había leído algún libro suyo y me encantaba, así que me acerqué, le hablé de mi afición a la lectura y le conté mi intención de dedicarme a la animación a la lectura. Cuando llegó el descanso del curso la escritora se bajó de la mesa de los ponentes y me dijo: “Vámonos a una cafetería y hablamos tranquilamente“. Yo estaba flipando porque podía tomarme un café con ella, así que durante media hora estuvimos charlando, yo le conté que cuando era pequeña me encantaba leer, y cuando sacaba malas notas, mi madre me castigaba sin las novelas para que estudiara, y guardaba bajo llave los libros hasta que llevara las notas aprobadas, también le dije que a escondidas de mi madre yo sacaba libros de la biblioteca y los tenía escondidos por la casa para poder leer cuando sentía la abstinencia de la lectura , le expliqué los lugares:
1- Las novelas detrás del espejo del baño.
2- Los tebeos en una funda de plástico pegada bajo los cajones.
3- Y otros en la funda de la guitarra.
La escritora se despidió de mi, y yo en mi inocencia me sentí muy importante, porque ella me había escuchado con mucha atención interesada en lo que una estudiante de 22 años tenía que contarle.
Unos meses más tarde e la biblioteca, vi una revista de literatura en la que había una entrevista a esa escritora, en ella hablaba de su infancia, de sus orígenes como lectora y cual fué mi sorpresa al leer que contaba que “Su madre le prohibía los libros para que estudiara, pero ella que tenía un hambre insaciable de lectura los escondía tras el espejo del baño, los tebeos pegados bajo los cajones de su armario y hasta dentro de la funda de la guitarra”.
De repente sentí que una parte de mi infancia me la habían robado. Así que daré de alta este blog en una de las licencias de Creative Commons, y aunque así esté cubierta, continuaré reservándome algunas de mis reflexiones lectoras para mi misma, porque lo más fascinante de todo este mundo, es la intimidad del acto lector.


Bueno chica…eso dice mucho y bueno de ti y mucho y malo de la escritora. Está bien agarrarse a la realidad para contar historias pero ¿atribuirselas a una misma? Eso eso, es querer ser la novia en la boda, el muerto en el entierro….etc, etc
Besos, guapa.
[…] Desde hoy, los contenidos de Biblioactiva estarán bajo licencia Creative Commons, aunque hace tiempo quería hacerlo, hasta hoy no me he puesto. Si quereis ver las condiciones pinchar en el icono. […]