El miedo es necesario

12 02 2008

0,,1451894_1,00.jpgDesde hace cuatro días asisto como espectadora y participo con mi opinión en un debate planteado a partir de un post que mi amigo Gonzalo escribió en su blog. El post habla sobre un cuento, el de “La mierlita”, que por confiada perdió a sus hijos. Y veo como siempre que se habla de ciertos temas, que surgen voces sobre la necesidad que tienen los padres y educadores de dulcificar y edulcorar los finales de los cuentos que les parecen demasiado duros o difíciles.

El lobo que al final se vuelve bueno, el cazador que saca a los cabritillos de la panza del lobo, los cerditos que se salvan uno por uno porque tienen una segunda oportunidad, la sirenita que ahora resulta que no muere convertida en espuma del mar. Me recuerdo de niña con un libro de Andersen ilustrado por María Pascual, leyendo y releyendo la vendedora de fósforos, y contemplando con lágrimas en los ojos la última ilustración en la que el cuerpo inerte de la cerillera caído sobre la nieve estaba junto a la ventana de una casa donde se podía ver a través de los cristales una familia feliz celebrando la navidad en una mesa con todo tipo de manjares. Era tristeza lo que yo sentía, pero me gustaba sentir cosas, aunque fueran tistes. Del mismo modo que me reía a mandíbula batiente con los cuentos de humor, con los tebeos de rompetechos y mortadelo.

La ficción nos ayuda a sentir, a comprender otras cosas, y la función de la literatura en los primeros años es la de plantear situaciones que podrían ser reales, que de hecho son muy reales, porque pocas veces la vida nos ofrece segundas oportunidades. La literatura oral y los cuentos nacen de una necesidad social de contar historias para mostrar la vida, el amor, la tristeza, la alegría, la importancia de la familia, el poder del ingenio y el valor de las cualidades frente a la maldad y las oscuras intenciones de los malvados, que desgraciadamente existen, y podemos toparnos con ellos en cualquier momento. Si el primer contacto con esas situaciones se realiza en el territorio de la ficción, el daño es menor, diríase que casi inexistente, con nuestra ayuda y nuestras palabras podemos contestar a las dudas y preguntas que los niños tengan sobre las historias que pertenecen al imaginario colectivo, pero que son tan necesarias en el mundo real de los niños.

El miedo es necesario en los cuentos, porque también existe en el mundo real, y protegiéndolos de las cosas que pensamos que pueden darles miedo en un cuento, no estamos protegiéndoles de los miedos que puedan surgirles en su vida real.

Y la muerte… la muerte y los niños, qué dificil de explicar, que mal trago para el adulto que debe afrontar algo así. Dentro de poco un post sobre cuentos sobre la muerte para niños.


5 comentarios a “El miedo es necesario”

12 02 2008
Lía :

Yo tenía ese libro de Andersen! Me acuerdo perfectamente de la ilustración que comentas, daba tanto frío ver a la pobre cerillera…María Pascual fue mi ilustradora favorita durante aquellos años ;)
Pero a lo que íbamos, me parece absolutamente necesario que los niños sepan qué es el miedo y la injusticia y los finales tristes, etc., evidentemente a una escala que ellos puedan asimilar. Mantenerlos en una burbuja al margen de la “vida real” no sólo me parece contrapoducente sino que dá miedo.

12 02 2008
Clara :

Lía, ¿A que era una edición blanca de tapas duras que venia como en una funda elegante?, era un libro precioso.
Sabes que le he perdido el miedo a la Lingüística, he aprobado. No me lo puedo creer. Pero en fin, todavía me quedan más asignaturas por aprobar.

12 02 2008
Gonzalo :

Hoy contaba Ojobrusco en el Taller, grupo reducido, con un pequeñuso tímido que aún no tiene los cuatro. Se iba encogiendo en la silla y, en su medida, no lo ha pasado bien. Vamos, que un rato ha pasado miedo. Pero luego le ha valido la pena y se iba orgullosísimo con su libro bien apretado contra el pecho. Y es que, en el fondo, hablamos de emociones, en las dos cosas (miedo, un regalo inesperado), y él las ha vinculado sin problemas. Lo que nos hace sentir vivos. Está claro que yo tenía que vigilar de no pasarme de la raya y cruzar a la pesadilla, pero lo que me deja tranquilo es que a él le ha valido la pena. No me decía ni “no lo quiero” ni “no lo cuentes más” ni “suerte que ya nos vamos”.

Esta mediodía también pensaba, al leer tu nota, que hemos ido del extremo de anular al niño por un lado (que en la educación medieval, no existía apenas: era otro adulto más bobo y más pequeño) a anularlo por el otro (quédate en la burbuja con mamá y papá y nunca te pasará nada). No sé, yo me quedo con el justo medio, ni desamparo ni sobreprotección: sal despacito, que yo te ayudo, y pregunta lo que quieras saber, que ya buscaré la manera de explicártelo, y vive y siente, que ya corregiremos los excesos.

Un abrazo y felicidades por haber derrotado a Chomsky. Ese sí que es un tipo feo y quítame allá los cíclopes ;)

13 02 2008
Lía :

Enhorabuena! menudo alivio quitarse la Lingüísitica, lo demás será un paseo ;)

24 03 2008
chus :

es cierto que los niños no sólo deben oir cuentos que den pena o miedo, sino sentir ambas cosas. El hecho de vivirlas en los cuentos les ayudará a afrontar la dureza de la vida, cuando les llegue, y tendrán, de algún modo, un modelo en el que verse reflejados.
Recuerdo lo mal que lo pasaba con un comic titulado Mientras NY duerme. Aparecía un asesino con una máscara antigás; el mismo que surgía en mis pesadillas nocturnas. Sin embargo, el placer de leer era mucho más intenso que el miedo…
QUé gusto, por otra parte, oir o leer historias de miedo, con sustos incluidos, con mis cinco hermanos, los primos, los amigos… tiempo de una infancia feliz

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