Libros y habas
25 12 2008
Hace unos meses estuve en Cartagena en casa de mis padres, mi madre aprovechó el momento para pedirme que me llevara algunas de las cosas que quedaban en mi antigua habitación. No conocen a ni madre, es especial, ha conseguido cambiarle el sentido al sindrome del nido vacio, nosotras nos fuimos de casa, pero es ella la que nos pide todo el tiempo que lo vaciemos, sin ningún tipo de trauma ni nostalgia argumenta que no le hemos dejado el nido vacío, que hagamos el favor de vaciarlo cuanto antes, que necesita sitio para otras cosas. Sin duda es una mujer práctica y funcional.
Así que comencé a sacar algunas de las cosas que me quedaban, principalmente archivadores con apuntes viejos, carpetas con recuerdos y algunas cajas de contenido sorprendente. En el fondo de un armario encontré un libro que había dado por perdido hace tiempo. Es una biografía de Joaquín Sabina publicada en Ediciones Jucar en 1986.
Lo abrí y encontré un papel con títulos de canciones, inmediatamente reconocí la letra de mi amigo. Antes era ordenada y pulcra, no como ahora que cuando escribe, parecen palabras salpicadas al azar en el folio. Entonces me acordé del día que el libro cayó en mis manos.
A principios de los noventa en mi época de estudiante (la primera época), me gustaba mucho Sabina y también me gustaban mucho las habas tiernas. Así que cuando algún compañero de piso iba a mercado le pedía que me trajera una bolsa con habas.
Un día, un compañero de piso volvió del mercado y me dijo: te he traído habas, las he dejado en el frigorífico. Luego a la hora de comer me preguntó si quería habas, le dije que no, pero él insistía en que comiera, que eran buenísimas y tiérnísimas, pero a mí no me apetecían ese día. Luego por la noche igual, que me comiera las habas. A mí ya me parecía raro que insistiera tanto así que me levanté y traje la bolsa con habas, cuando la abrí, allí estaba el libro de Sabina con olor a habas y algo mojado.
Me hizo mucha ilusión, me lo leí enseguida, luego se lo leyó él, y me grabó los CD que aun tengo por casa. Ahora que he encontrado el libro y he visto su letra, me he acordado de que justo ayer me dijo que él era un desastre con los regalos. Pero recordando el modo en que me regaló el libro, creo que no, que no es un desastre con casi nada. Lo que pasa es que anda muy ocupado con muchas cosas y no se acuerda, a veces creemos que el tiempo y los años borran los recuerdos, pero permanecen escondidos hasta que algo los saca a la luz, en este caso concreto ha sido el “síndrome del nido lleno de cosas” de mi madre.


Qué bonita manera de regalar, ciertamente. A veces parece que las olvidamos, claro, pero nunca es así. Me encantan que las personas me regalen libros, separadores y discos. Y bueno, supongo que así somos las mamás de hoy en día: prácticas. No había visto esa edición del libro biográfico de Sabina, ¿quién lo escribe? Menéndez Flores también?
Saludos